Estimados amigos,

Mi nombre completo es Luis Miguel Goitizolo Silva. Nací en 1945 en Lima, Perú, el país de los incas y los bellos paisajes. Éramos en mi familia cinco hijos, tres varones y dos mujeres. Mi padre, abogado, era el mejor de los hombres, y mi madre, una hermosa y adorable mujer que tocaba brillantemente el piano. La religión era muy importante en nuestras vidas. Éramos, pues, una familia feliz en un entorno familiar no menos feliz.

Sin embargo, éramos también una familia de modestos recursos, y si bien en teoría pertenecíamos a una clase media acomodada, nunca tuve una verdadera oportunidad de estudiar música, arte o literatura, materias que yo amaba con pasión. De modo que aunque cada año obtenía las mejores calificaciones en la escuela, al fin me vi precisado a estudiar ciencias en vez de literatura. Creo que fue a causa de esta decisión mía que nunca me fue bien en mis primeros años de trabajo. Asimismo, nunca me casé y apenas si alguna vez viajé. Si tuviera que hacer un balance de esa etapa de mi vida, diría que la única cosa buena que hice fue convertirme en ávido lector de cuanto buen libro cayera en mis manos. A la larga, desarrollé un gusto especial por todo lo que tuviera que ver con la sabiduría oriental y, en particular, con la India.

En 1977, cansado de todo lo que había hecho hasta entonces, me convertí en discípulo de un famoso guru hindú que me enseñó meditación en su expresión más elevada. Desde entonces, este precioso don me ha acompañado en todas las circunstancias de mi vida.  

Cuando llegué a los cuarenta, tras muchos años de frustración e insatisfacción como administrador y posteriormente como traductor, decidí aprender y experimentar con cosas que pudieran enriquecer mi vida, como surfear en las hermosas playas cercanas a mi hogar y tomar clases de acuarela. A continuación, vendí mi vieja furgoneta y durante un tiempo viajé, principalmente por tren, fotografiando los maravillosos paisajes de mi país, viaje que a través de los años me inspiraría a dibujar y pintar como pasatiempo hasta que se me acabó el dinero y tuve que regresar a Lima y a mis ocupaciones habituales. Sin embargo, muy dentro de mí había el constante anhelo de continuar mis estudios en las disciplinas orientales.

Los años que siguieron fueron tiempos difíciles para mí y para todo el mundo en mi país, pues a lo largo de casi dos décadas el terrorismo anduvo suelto causando estragos en nuestras vidas. Terminada finalmente la pesadilla, tras otro prolongado lapso en el que intenté un poco de todo, incluso escribir y editar libros en pequeña escala, sentí un vivo deseo de ahondar en mis estudios orientales.    

Y entonces, como por arte de magia, una preciosa escritura hindú, el Tercer Canto del Baghavata Purana, llegó a mis manos. Me maravilló leer que en tiempos tan remotos los hindués estuvieran familiarizados con conceptos tan avanzados como el de la expansión del universo y el de la relatividad de espacio y tiempo, cosas éstas que los científicos modernos no vendrían a conocer plenamente sino a partir del siglo veinte. Esto, y las enormes duraciones mencionadas en relación con ciclos cósmicos y edades, me llevó a iniciar un estudio sobre la doctrina de los ciclos cósmicos que publiqué poco después, aproximadamente en 1998, en español.

Al mismo tiempo, comenzaba a visitar un templo y ashram hindú en Lima donde, tras tocar la tabla al son de los bajans de los devotos durante un par de años, recibí del pujari del templo el cordón sagrado y mi nuevo nombre hindú: Krishnananda.

Para entonces, me estaba sintiendo inspirado a iniciar una etapa nueva y más gratificante en mi vida, por lo que resolví trabajar en línea, que veía como una oportunidad de ganar dinero en grande y de hacerme de un montón de amigos. Luego, durante un par de años más, me sentí en paz tanto con el mundo como conmigo mismo, pues realmente me gustaba el trabajo. Al mismo tiempo, sentía que no bastaba. Yo quería más de la vida, una verdadera razón para vivir.

Fue entonces que sentí un intenso y misterioso deseo de traducir al inglés mi libro La rueda del tiempo, que es lo que ha demandado la mayor parte de mi tiempo durante los últimos años.

Actualmente vivo con mi adorable ahijada y con su madre, quien antaño solía ser mi ama de llaves. Yo amo con todo mi corazón a las dos. Tenemos tres encantadores perros, Paco, Moisés y Duna, y nos encanta cuidarlos a ellos y a cualquier animalito que encontremos en las calles.


Entre mis muchos intereses, siento particular atracción por la religión, los cultos orientales y la metafísica. Me encanta oír música, leer, escribir, pintar, trabajar en línea y llevar a pasear a nuestros perros por las veredas del malecón y los parques de Miraflores, el hermoso distrito de Lima donde vivimos.

                                                                     Infinitas gracias,

 

El Libro


El libro a la derecha contiene la versión original de "La rueda del tiempo" la cual muy pronto será publicada tanto en edición de bolsillo como en tapa dura. Para ver el texto completo, puede presionar AQUI o en la tapa del libro.

Algunos pasajes extraídos del libro, tanto en español como en su versión inglesa, pueden verse AQUI.



 

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